La tolerancia a la frustración es una habilidad esencial que ayuda a los niños a enfrentar las dificultades y los desafíos que surgen en su vida cotidiana. Desde pequeños, los niños experimentan momentos de frustración, ya sea cuando no logran un objetivo, no obtienen lo que desean, o se enfrentan a situaciones que no comprenden. Aprender a manejar esas emociones les permite crecer emocionalmente, desarrollando una mayor resiliencia y capacidad de adaptación.
Cuando un niño tiene una baja tolerancia a la frustración, es común que reaccione con rabietas, llanto o incluso conductas agresivas ante situaciones que no puede controlar. Esto no solo genera malestar en el niño, sino que también puede afectar la dinámica familiar y su interacción con otros niños. Sin embargo, es importante entender que estas reacciones son una oportunidad para enseñarles a gestionar sus emociones de manera más saludable.
Desarrollar esta capacidad desde una edad temprana no solo les ayuda a enfrentar de manera más positiva los fracasos y las limitaciones, sino que también fomenta su autoestima, su paciencia y su habilidad para resolver problemas. Además, aprender a tolerar la frustración los prepara para establecer relaciones más armónicas con los demás, ya que les enseña a manejar sus expectativas y a valorar el esfuerzo y el proceso, en lugar de enfocarse únicamente en los resultados.
La tolerancia a la frustración no es innata; es una habilidad que se puede trabajar y desarrollar con el apoyo de los adultos que los rodean. Padres, educadores y cuidadores desempeñan un papel crucial al brindarles herramientas y ser un modelo de comportamiento ante las adversidades. A través de actividades, juegos y el acompañamiento emocional adecuado, los niños pueden aprender a reconocer y gestionar sus emociones, construyendo una base sólida para enfrentar los retos de la vida con confianza y tranquilidad.
Desarrollar la tolerancia a la frustración en niños y niñas es esencial para su crecimiento emocional y social. Esta habilidad les permite enfrentar dificultades, manejar sus emociones y adaptarse a los retos de la vida cotidiana. Aquí sepresentan diversas estrategias para trabajarla:
Cómo ayudar a los niños a desarrollar la tolerancia a la frustración:
Fomentar la autonomía:
- Es importante evitar la sobreprotección y la permisividad.
- Permitirles enfrentarse a pequeños retos y resolver problemas por sí mismos les ayuda a aprender de sus errores y a fortalecer su independencia.
Ser un ejemplo positivo:
- Los niños aprenden observando. Mostrar calma y actitud constructiva ante los problemas, junto con la verbalización de las emociones y las soluciones, les enseña cómo afrontar las dificultades.
Trabajar la gestión emocional:
- Ayudarles a identificar sus emociones con preguntas como «¿Cómo te sientes?» o «¿Qué necesitas para sentirte mejor?». Al mismo tiempo, reforzar sus avances con comentarios positivos: «¡Qué bien! Ahora te sientes mejor, ¿verdad?».
Enseñarles a pedir ayuda:
- Mostrarles que pedir ayuda no solo es válido, sino que también es una fortaleza que les permite reconocer sus límites y confiar en los demás.
Permitirles cometer errores:
- Los errores son una oportunidad para aprender. Enseñarles a no temer equivocarse fomenta su capacidad para superar desafíos.
Jugar y reforzar el esfuerzo:
- A través de juegos, se puede restar importancia a perder, centrándose en el esfuerzo y el proceso en lugar del resultado.
- Reforzar positivamente sus acciones ayuda a valorar el camino y no solo el logro final.
Promover actividades relajantes y placenteras:
- Ayudarles a relajarse cuando se sienten frustrados mediante actividades como paseos al aire libre, música, lectura o juegos tranquilos. También es útil motivarlos con juegos que requieran paciencia y donde la recompensa no sea inmediata.
Establecer metas realistas:
- Los objetivos deben ajustarse a sus capacidades, evitando comparaciones con otros niños. Esto les ayuda a sentir que sus logros son alcanzables y valiosos.
Utilizar cuentos y lecturas para enseñar emociones:o Libros como “Dani quiere mandar” o “Dani vence las rabietas” son herramientas valiosas para que los niños aprendan a identificar y gestionar sus emociones.
Estas acciones, aplicadas con paciencia y constancia, no solo ayudarán a los niños y niñas a manejar la frustración, sino que también les proporcionarán habilidades para enfrentar con éxito los desafíos de la vida.
Laura Mayoral
Psicoterapeuta Infantojuvenil y de Familia de Psicologos Pozuelo